Los errores más dolorosos de 20 años emprendiendo, contados sin filtro.
El Emprendedor Ecuatoriano
Emprendedor, escritor y entusiasta de la IA
Hay libros de emprendimiento escritos desde el pedestal del éxito. El autor llegó a la cima, miró hacia atrás y escribió una lista de los pasos que siguió.
Este no es ese tipo de artículo.
Yo cometí errores. Muchos. Algunos me costaron dinero. Algunos me costaron relaciones. Algunos me costaron años de esfuerzo que tuve que rehacer desde cero. Y algunos, en retrospectiva, fueron los mejores maestros que tuve.
Lo que sigue no es teoría sobre lo que debería hacer un emprendedor ideal. Es la lista honesta de los errores que yo cometí personalmente durante 25 años emprendiendo en Ecuador — con lo que aprendí de cada uno.
Mi única esperanza es que leer esto te ahorre algo de lo que yo pagué.
Este fue, sin duda, el error que más caro me costó — no solo en dinero sino en tiempo y en energía emocional.
En mis primeros emprendimientos, elegí socios basándome principalmente en la confianza personal y en el entusiasmo compartido por la idea. "Si nos llevamos bien, el negocio va a funcionar", pensaba.
Lo que no entendía entonces es que una sociedad empresarial no es una amistad. Es una estructura operativa. Y lo que funciona en una amistad — tolerancia mutua, flexibilidad, afecto — puede destruir una empresa.
Cuando llegaron las crisis — y siempre llegan — los acuerdos informales no eran suficientes. Los roles no estaban definidos. Las expectativas eran diferentes para cada parte. Y el afecto personal que existía terminó siendo un obstáculo para tener las conversaciones difíciles a tiempo.
Lo que aprendí: Antes de cualquier sociedad, necesitas responder tres preguntas por escrito:
Si no tienes respuestas claras a estas tres preguntas, no formes esa sociedad todavía. Sin importar cuánta confianza tengas en la otra persona.
Esto es más sutil pero igual de destructivo.
Cuando pones toda tu identidad en tu empresa, cualquier fracaso del negocio se convierte en un fracaso personal. Y cualquier crítica al negocio se siente como un ataque a tu persona.
En mis primeros años, yo era mi empresa. Si el negocio iba bien, yo estaba bien. Si el negocio tenía problemas, yo tenía problemas existenciales.
El resultado era que tomaba decisiones defensivas en lugar de decisiones estratégicas. Evitaba feedback que necesitaba escuchar. Me resistía a pivotar porque pivotar me parecía admitir que estaba equivocado.
Lo que aprendí: Tu empresa es algo que construyes. No es lo que eres. Puedes apasionarte por ella, invertir en ella, darle lo mejor de ti — pero necesitas mantener una distancia sana que te permita verla con objetividad cuando la situación lo requiera.
El día que pude mirar mi propio negocio como un observador externo — con curiosidad en lugar de ego involucrado — empezó a mejorar mi capacidad de tomar decisiones.
"Los números me dan" es la frase que precede a la mayoría de los fracasos empresariales que he presenciado.
En mi caso, el error clásico era no incluir mi propio tiempo en los costos. Calculaba el costo de materiales, el costo de arriendos, el costo de personal — pero mi tiempo lo consideraba "gratis" porque era el dueño.
El resultado era un margen que parecía positivo en papel y que en la práctica era negativo, porque mi tiempo tiene un valor real aunque yo no me lo cobrara.
Otro error frecuente: no provisionar para impuestos, para el IESS, para contingencias. En Ecuador, los costos laborales y tributarios son significativos. Un negocio que no los incluye en sus proyecciones desde el principio tiene problemas graves cuando llega la hora de pagarlos.
Lo que aprendí: Antes de fijar cualquier precio, calcula todos los costos — incluyendo los que tienden a ser invisibles:
Si el precio que resulta de incluir todos estos costos no es competitivo en el mercado, tienes un problema de modelo de negocios, no de precios.
Durante mis primeros años como emprendedor, era el único que podía hacer todo correctamente. Al menos eso creía.
La realidad es que no delegaba porque tenía miedo. Miedo de que las cosas salieran mal. Miedo de perder el control. Miedo de que nadie lo hiciera "como yo lo hubiera hecho".
El resultado fue un techo de crecimiento muy bajo. Un negocio que depende de una sola persona no puede crecer más allá de lo que esa persona puede hacer en 24 horas. Ni físicamente ni económicamente.
Lo que aprendí: La delegación no es abandonar el control. Es transferir la responsabilidad de una tarea junto con la autoridad para ejecutarla y los recursos necesarios. Para delegar bien necesitas:
Cada tarea que delegas es tiempo que liberas para trabajar en el negocio en lugar de dentro del negocio.
Soy Ingeniero de Empresas. Hice un MBA. Y sin embargo, durante años gestioné las finanzas de mis negocios de forma intuitiva en lugar de analítica.
Revisaba el saldo de la cuenta y si había dinero, todo estaba bien. Si no había, había un problema. Eso no es gestión financiera — es esperanza disfrazada de administración.
El problema con este enfoque es que cuando detectas que algo va mal, ya es tarde. El flujo de caja se entiende mirando para atrás, cuando ya perdiste la oportunidad de corregir.
Lo que aprendí: Desde el primer día de tu negocio, necesitas tres herramientas básicas:
No necesitas software caro. Una hoja de Google Sheets bien diseñada hace el trabajo para la mayoría de los emprendimientos en etapa temprana.
Este error lo cometí y lo he visto cometer en decenas de emprendedores que conozco.
El negocio es urgente, siempre. La familia puede esperar. Los amigos pueden esperar. El cuerpo puede esperar. Hay tiempo para todo eso después de que el negocio esté estabilizado.
El problema es que "después de que el negocio esté estabilizado" nunca llega. Siempre hay una crisis, una oportunidad, un cliente que atender. El negocio consumía todo el espacio disponible porque yo se lo permití.
El costo fue relaciones desgastadas, tiempo no recuperable con personas que importaban, y — irónicamente — un rendimiento empresarial más bajo, porque un ser humano sin conexiones significativas toma peores decisiones.
Lo que aprendí: El tiempo para las relaciones no sobra — hay que crearlo. Las prioridades no negociables de mi vida no son las urgentes, son las importantes. Y las personas que importan son siempre importantes, aunque no sean urgentes.
Esto lo traté en profundidad en el pilar Espiritual del Trípode del Emprendedor: el propósito no puede ser solo monetario. Necesita incluir a las personas por quienes uno construye.
Durante mis primeros años, creía que necesitar ayuda era señal de debilidad. Que pedir consejo era admitir que no sabía. Que los verdaderos emprendedores encontraban su propio camino.
Esa actitud me costó años de tropezar con piedras que otros ya habían removido.
Cuando finalmente busqué y encontré mentores — personas que habían recorrido caminos similares al mío — mi velocidad de aprendizaje se multiplicó. No porque me dieran recetas, sino porque me hacían las preguntas que yo no me estaba haciendo.
Un buen mentor no te dice qué hacer. Te ayuda a ver lo que no estás viendo.
Lo que aprendí: La mentoría no es un lujo para cuando ya tienes éxito. Es una herramienta para llegar más rápido y con menos cicatrices. Los mentores que más me transformaron no eran los más exitosos financieramente — eran los que tenían la honestidad de decirme lo que no quería oír.
Busca activamente personas que hayan logrado lo que tú quieres lograr. Ofrece valor antes de pedir. Y cuando recibas feedback honesto, resiste el impulso de defenderte — escucha primero.
Después de catalogar 7 errores que cometí a lo largo de 25 años, hay un patrón que se repite en todos:
Cada uno de estos errores fue producto de un déficit en uno de los pilares del Trípode del Emprendedor.
No fue estrategia lo que me falló en estos casos. Fue la persona detrás de la estrategia.
Esa es la razón por la que el Trípode del Emprendedor no es un apéndice de mi metodología. Es el centro.
¿Cuántos de estos 7 errores son comunes en Ecuador? Los 7. Pero el 1 (socios por amistad), el 3 (costos subestimados) y el 7 (no buscar mentores) son especialmente prevalentes en el contexto cultural ecuatoriano.
¿Se pueden evitar todos estos errores completamente? No. Algunos los cometerás de todas formas porque el aprendizaje experiencial es parte del proceso. La diferencia está en cometerlos rápido, en escala pequeña, y aprender de ellos antes de escalar.
¿Hay un error que fue el más caro en términos reales? El error de socios mal elegidos, sin duda. No solo en términos monetarios sino en tiempo, energía y costo emocional.
Cada uno de estos errores tiene una historia completa detrás en El Emprendedor Ecuatoriano. 25 años de fracasos y aprendizajes reales, sin filtros ni glorificación del camino.
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Emprendedor ecuatoriano nacido en Tulcán. Después de más de 20 años emprendiendo, múltiples fracasos y éxitos, construí un ecosistema de empresas que hoy factura más de $1.4 millones. Este blog es mi forma de devolver al ecosistema emprendedor latinoamericano las lecciones que la vida me ha enseñado.