Sobre Mí
Siete empresas. Tres quiebras. $800 dólares de inicio. $1.4 millones facturados. Veinte años emprendiendo en Ecuador sin apellidos influyentes, sin conexiones políticas, sin capital heredado. Esta es mi historia real — sin filtros ni romantización.
Nací el 23 de noviembre de 1978 en Tulcán, ciudad fronteriza a tres mil metros de altura donde el carácter se forja con el frío y la distancia. Mi padre, economista y hombre de libros, me enseñó que el conocimiento es la única herramienta que nadie puede quitarte. Mi madre estudió administración de empresas, pero eligió dedicarnos su vida entera: fue ama de casa por convicción, y eso nos dio la estabilidad para soñar en grande. Mi abuelo carpintero me demostró que la reputación se construye golpe a golpe, y mi abuela doña Elena comerciaba en la frontera entre Tulcán e Ipiales con una audacia que todavía me inspira.
En 1999 el feriado bancario congeló los ahorros de mi familia. Un accidente de tránsito dejó a mi padre en silla de ruedas. En 2006 lo perdí para siempre. Ese dolor se convirtió en el combustible más honesto que he tenido: la urgencia de construir algo que lo hiciera sentirse orgulloso.
Desde entonces he fundado siete empresas. Tres quebraron. Un restaurante que me enseñó más que cinco años de universidad. Una fábrica de calefones que fue la primera de Ecuador. Una agencia digital que facturó más de un millón de dólares. Y tres empresas de inteligencia artificial que hoy operan internacionalmente. La pandemia destruyó lo que había construido en una década. Me levanté. Siempre me levanto.
Fundé ITSEIA porque Ecuador necesita con urgencia emprendedores que dominen la inteligencia artificial. No es un proyecto personal: es una respuesta real a un vacío educativo que está dejando a miles de jóvenes fuera de la economía del futuro. El conocimiento que yo tardé veinte años en acumular, ellos pueden aprenderlo en meses. Ese es el poder de compartir.
Mi Trayectoria
Veinte años de lecciones reales desde las trincheras del emprendimiento.
Nací en Tulcán
En la frontera norte de Ecuador, a tres mil metros de altura. Crecí entre dos familias que me enseñaron el valor del trabajo honesto: un abuelo carpintero y una abuela comerciante que navegaba la frontera entre Ecuador y Colombia.
El colegio público que me transformó
Pasé del mundo protegido de la escuela privada a un colegio público que me enseñó el Ecuador real. Allí aprendí a formar alianzas, a defenderme, y a entender la diversidad de un país complejo.
Ingreso a la universidad
Entré a estudiar Ingeniería de Empresas. Al año siguiente, el feriado bancario de 1999 congeló los ahorros de mi familia. Un accidente de tránsito dejó a mi padre en silla de ruedas. La vida me obligó a madurar de golpe.
Graduación universitaria
Me gradué con una tesis sobre innovación agroindustrial. Empecé a trabajar como docente universitario, pero sentía que algo me faltaba: la práctica real del emprendimiento.
La pérdida que cambió todo
El 8 de diciembre perdí a mi padre. Su partida me dejó un vacío enorme, pero también una urgencia: honrar su legado construyendo algo propio. Ese dolor se convirtió en motor.
Mi primer negocio
Renuncié a la docencia y abrí un restaurante en el centro histórico de Quito con dos amigos. Fue mi primera escuela real de negocios: aprendí más de ese fracaso que de cinco años de universidad.
La fábrica: del prototipo a la realidad
Tras un viaje que cambió mi perspectiva, construí la primera fábrica de calefones eléctricos de Ecuador. Gané concursos de innovación, conseguí financiamiento y levanté una planta industrial desde cero.
La pandemia y el pivote digital
La pandemia destruyó lo que había construido. Pero de las cenizas nació una agencia de marketing digital que en dos años facturó más de un millón y medio de dólares.
La maestría y el descubrimiento de la IA
Vendí la agencia en su mejor momento, cursé un MBA con estudios en Silicon Valley, y descubrí el poder transformador de la inteligencia artificial. Fundé tres empresas de IA que hoy operan internacionalmente.
ITSEIA: el legado educativo
Fundé el primer instituto ecuatoriano especializado en emprendimiento e inteligencia artificial. Mi misión ya no es solo construir empresas, sino formar a quienes construirán las del futuro.
El Trípode del Emprendedor
Mi filosofía de vida y negocios se sostiene en tres pilares. Si uno falla, todo se tambalea.
Físico
Mi cuerpo es mi herramienta de trabajo. Si colapsa, todo colapsa. Necesito energía constante, no picos de adrenalina seguidos de quiebres. El ejercicio, la disciplina y el descanso son la base de todo lo demás.
Mental
Mi mente es mi brújula estratégica. Leer constantemente, tomar decisiones bajo presión y convertir los fracasos en lecciones es lo que me ha mantenido en pie durante veinte años de emprendimiento.
Espiritual
El propósito, los valores y la familia son mi ancla. Sin un "para qué" claro, cualquier tormenta te derrumba. Con propósito, hasta los fracasos tienen sentido. Esta enseñanza me la dio mi madre.
Mi Misión
Ecuador tiene el talento. Tiene la resiliencia. Tiene la creatividad de quien aprende a resolver problemas sin recursos. Lo que le falta es acceso al conocimiento que está transformando el mundo. Mi misión es cerrar esa brecha: conectar emprendimiento real con inteligencia artificial, no desde la teoría de Silicon Valley, sino desde las trincheras de Latinoamérica. El próximo gran emprendedor ecuatoriano no necesita apellidos ni capital heredado. Necesita herramientas, lecciones reales y alguien que ya haya recorrido el camino.
